Conoce un poquito más de nuestra historia.

Como muchos recordaréis, nos conocimos en Valencia durante el intercambio de Rocío. Ella estaba terminando Arquitectura y yo, recién vuelto de Italia, empezaba a trabajar. Aunque solo pudimos disfrutar de unas pocas citas, eso no impidió que siguiéramos en contacto.

Así empezaron nuestros primeros viajes: Rocío venía a visitarme y aprovechábamos para hacer turismo aquí; o viceversa, yo cruzaba el charco y recorríamos algún rincón de América.

Algunos diréis: "¡No habéis parado de viajar a pesar de estar juntos!". Pues sí, se hace lo que se puede... Después de acumular millas y llegar casi al nivel "Willy Fog", Rocío decidió mudarse definitivamente a Valencia.

Nuestros primeros meses fueron compartiendo piso con amigos, pero entonces llegó la gripe más famosa de nuestra historia y nos quedamos solos. Y, mientras acumulábamos papel higiénico e hidratos de carbono como el resto de reclusos del mundo, nos fuimos enamorando aún más. Al salir de la "pena", el piso se quedó todo para nosotros.

Juntos crecimos en lo personal y profesional, hasta que nos tocó separarnos por trabajo. Vivimos a caballo entre Barcelona y Alicante, acumulando millas como más nos gusta: vuelo va y vuelo viene. Y más viajes solos, más fotos de Instagram y más viajes en familia. Porque de tal palo tal astilla, y a ninguno de nuestros seres queridos le gusta pasar las vacaciones en casa.

Hace un año y pico decidimos dejar de acumular millas y mudarnos a Valencia, la "terreta". Pero como en la torreta no teníamos barraca, lo primero que hicimos fue comprar un piso y crear nuestro hogar. Juntos lo reformamos y ahora tocaba el paso natural: hincar rodilla y comprometernos. Porque tenemos que seguir escribiendo esta historia: la epopeya debe continuar.